¡13% más de riesgo!

La Escuela de Salud Pública de Harvard, tras analizar dos estudios epidemiológicos de larga duración, concluyeron que con el consumo diario de carne roja incrementaba un 13% el riesgo de muerte prematura (cáncer o enfermedad cardiovascular). Y este índice llegaba hasta el 20% si hablábamos de carne procesada (perritos calientes o bacon).

Ante la alarma que puede producir leer esto, nos preguntamos si no será un suicidio programado no erradicar la carne roja de nuestra dieta inmediatamente. Según los datos está claro que bueno no es, pero todo tiene su por qué y su forma de consumir: “Lo más saludable es no comer carne roja y volver a una alimentación más tradicional que tenga como base verduras, cereales integrales o legumbres”, afirma Eva López Madurga, especialista en Medicina Preventiva y consultora macrobiótica.

Lo que tampoco hay que tener miedo es a eliminar o reducir el consumo de carne roja alegando una pérdida de energía. De hecho, sucede todo lo contrario: “Hay alternativas a la carne deliciosas al paladar. Mis pacientes sufren una fase de adaptación cuando eliminan su consumo, pero con el tiempo se dan cuenta que duermen mejor, descansan más placenteramente, tienen más energías e, incluso, les cambia la cara. Tenemos que recordar que muchas legumbres tienen más contenido proteínico que la carne”, concluye la experta.

De manera inconsciente nuestra sociedad ha tendido a identificar carne con riqueza y legumbres con pobreza, de ahí que en los grandes banquetes siempre sea uno de los platos principales. Podríamos decir que donde hay solomillo hay alegría. Pero esto también provoca ciertas descompensaciones sociales y medioambientales.

“Si los países emergentes consumieran como nosotros, necesitaríamos dos tierras para alimentarnos” avisa la experta. “Además, el efecto invernadero está muy relacionado con los gases que emite el ganado”.

Vía REVISTA GQ

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